Toxina Butolínica

La toxina botulínica tipo A es una de las siete que produce el Clostridium Botulinum y que es sintetizada en laboratorio para su uso médico.  La Toxina provoca una parálisis temporal en el músculo en el que se ha inyectado.  Su uso ha sido sobre todo en afecciones espásticas neurológicas y recientemente se ha comenzado a usar para el tratamiento de las arrugas faciales.  Los músculos de la cara son los responsables de la expresión de nuestras emociones (enfado, alegría, tristeza…).  Estos músculos están situados justo debajo de la piel y son los responsables de las distintas muecas de la cara.  Pero su uso continuado hace que estas zonas queden marcadas y aparezcan arrugas incluso en reposo, siendo las más conocidas las arrugas de la frente (debidas al músculo frontal), entrecejo (músculos corrugadores) y patas de gallo (músculo orbicular).

La toxina se inyecta en una proporción adecuada en el músculo causante de la arruga.  Se hace con una aguja muy fina y puede hacerse en la consulta.  La dosis utilizada es muy pequeña y no implica riesgos graves.  La toxina actúa sobre la placa motora, que es la conexión entre el nervio y el músculo.  Impide la liberación de la acetilcolina, que es la sustancia mensajera de la transmisión del impulso nervioso hacia el músculo.  El efecto no es permanente, ya que el nervio se defiende produciendo nuevas terminaciones nerviosas y nuevas conexiones con el músculo.  Esto significa que a los tres meses de la inyección, se comienza a recuperar actividad muscular.  Tras la inyección, el efecto comienza a los 4-5 días y dura entre 4 a 6 meses, tras los cuales hay que repetir el tratamiento.  Sin embargo, parece ser que tras repetidas inyecciones el músculo se va debilitando y es necesaria menos dosis y el resultado es más duradero.